La reforma educativa
En varios de los congresos estatales de la República -suficientes para seguir con la enmienda- se ha dado el visto bueno a la reforma educativa que propone el Ejecutivo.
Las reacciones no se han hecho esperar. Los maestros cuestionan la necesidad de estos cambios y se resisten a evaluarse para demostrar que "pueden porque saben". Para nadie es un secreto que el sindicato de la educación es más un órgano político que un defensor de los derechos de los maestros mexicanos y que su lideresa a perpetuidad luchará por no perder las prebendas y canongías otorgadas por otros sexenios.
Se habla de un instituto nacional que evaluará a los aspirantes a la docencia oficial, el cual tendrá la autonomía para definir quién sí y quién no puede entrar a este gremio. Por otro lado se pretende involucrar a los padres de familia en la vida y decisión escolar. Unos padres de familia que por el contexto social son los grandes ausentes en la educación de sus hijos. Baste darse una vuelta o platicar con un maestro para conocer las opiniones al respecto. No hablemos ya de las familias disfuncionales, desintegradas por algún vicio o dañadas por otros aspectos morales, sociales o de índole parecida.
Otro tema "sensible" es la prohibición de alimentos chatarra. Ya hubo un conato en el anterior sexenio de poner en orden este punto, pero las refresqueras y otras empresas de frituras pusieron en entredicho el empleo de muchos padres mexicanos. ¡Imagine usted las pérdidas millonarias de estas empresas, privadas de los contratos jugosos de las n número de escuelas que hay en el país!
En contrapartida se planea un programa alimenticio para aquellas zonas rurales azotadas por la pobreza y la carencia. Todos bien sabemos que un niño desnutrido no aprenderá.
Personalmente veo puntos positivos en esta reforma. Lo que está por verse es si en el camino se viciarán por grupos de poder, políticos corruptos u otros intereses no tan nobles como la educación.
¿Sabe qué? Creo que esta reforma será una lucha entre grupos de poder donde los que saldrán perdiendo serán millones de niños y niñas mexicanas...o ganando.
¿Sabe qué? Hay que empezar en casa, como en muchas otras cosas. Ahí no necesitamos de esta reforma para educar a nuestros hijos en el respeto, el aprecio por el estudio, la sana alimentación, la autocrítca, el amor a los ideales patrios...

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